Soy la bolsa mágica (“Cajita feliz” pero no tanto) con la que llego los lunes.
Soy el/la del barrio en mi pueblo. Ese/a al que no le tenían fe.
Soy el/la "primero en la fila" . El/la que va a colgar un título en una pared que antes solo conocía almanaques de carnicería, stickers y fotos familiares.
Soy la revancha de mis viejos. Soy la oportunidad que ellos no tuvieron porque tuvieron que elegir entre el libro o el martillo, el trapo o la escoba.
Soy el/la "no me da el cuero" transformado en "me sobra el alma": La prueba viviente de que la capacidad no es una cuestión de billetera, sino de resistencia.
Soy el/la heredero/a de las manos ásperas. El/la que ahora usa las manos para sostener una lapicera, pero no olvida que esas manos vienen de las que ordeñaron, cargaron bolsas o cosieron para afuera o sufren hoy la subocupación.
Soy la estadística que falló. Esa que decía que yo no iba a llegar, y acá estoy, rompiendo el molde.
Soy el "estudiá para no ser como yo" . La frase que me tocó escuchar que antes me dolía y hoy es mi motor de arranque.
Soy la deuda de gratitud. El/la que sabe que cada página leída fue pagada con horas de sueño de alguien más.
Soy el puente. El/la que va a volver al pueblo o al barrio para explicar que se pudo, pero que no se llega solo. S
oy la “vaquita” de mi familia para poder llegar al viernes. Soy el bullying que me tuve que comer, por mi casa, mi calle, mis pelos, mi ropa, o mi mochila o mis notas. Soy el/la que me quise volver cien veces... y todas me arrepentí. ¡Elegí seguir! Soy la transpiración de mi vieja, o los dos laburos de mi viejo.
Soy el dolor de espalda que hoy sienten por las noches por tener que seguir laburando a pesar de su hernia de disco... y soy también sus calambres.
Soy el dedo que señala el destino, de ida o regresando. A veces con un cartón con el nombre de mi ciudad.
Soy el/la cazaofertas del super chino, ¡o el que sea! También soy el “sanguche” de salchichón, que era el de “primavera” para festejar un examen aprobado o el mango que ese día alcanzaba.
Soy los inventos de mi mamá para que un arroz blanco sea el plato más delicioso del mundo. S
oy el hambre que pasé a veces y el hambre que aprendí a fuerza de algún bochazo también.
Soy el sueño de mi abuelo y/o de mi abuela. También el proyecto trunco de mi padrino.
Soy la Beca de Residencia que me dio la oportunidad de ir a la Universidad o al Instituto. Soy “el carpetas prestada” , el apuntes transferidos... y el libro difícil.
Soy el tiempo que me regalaron mis amigos preparándome para llegar bien a un examen.
Soy la ocupación de muchos. También la preocupación de mis viejos, para que yo esté aquí en la residencia pública de la educación pública atendido por la salud pública... ¡y la república que lo parió! ¡Pues que viva lo público entonces! ¡Porque de no ser así nadie sale de mi barrio ni de mi pueblo!
Mgter. Fernando Girón (marzo 2026)
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